La traumatización vicaria es una forma de impacto psicológico que afecta a los profesionales de emergencias al exponerse repetidamente al sufrimiento de otras personas. No es necesario que vivan la catástrofe en primera persona; basta con ser testigos del trauma ajeno para desarrollar síntomas similares a los de las propias víctimas.
Este fenómeno es especialmente común entre el personal de emergencias, como sanitarios, psicólogos, técnicos en transporte sanitario y voluntarios que, día tras día, atienden a personas heridas, en estado de shock o emocionalmente devastadas. La traumatización vicaria es una realidad cada vez más presente en los contextos de atención a múltiples víctimas y debe ser abordada con la misma seriedad que cualquier otra lesión psicológica directa.
¿Qué es la traumatización vicaria?
La traumatización vicaria es una reacción emocional profunda que experimenta un profesional al absorber, sin darse cuenta, el dolor y trauma de las personas a las que asiste. No es lo mismo que la empatía o el estrés normal de la profesión; se trata de una acumulación silenciosa de sufrimiento, que va desgastando emocionalmente al interviniente.
Quienes la padecen reviven mentalmente lo que han escuchado o presenciado, generando un estado de malestar psicológico que puede desencadenar problemas graves si no se detecta a tiempo.
Síntomas comunes de la traumatización vicaria
- Cansancio emocional extremo sin causa física clara.
- Recuerdos persistentes de historias escuchadas a las víctimas.
- Alteraciones del sueño, pesadillas o insomnio.
- Sentimiento de impotencia, tristeza constante o culpa.
- Distanciamiento emocional de familiares o compañeros.
- Evitación de ciertas escenas, lugares o conversaciones.
Estos síntomas pueden confundirse con estrés o fatiga, pero en realidad están ligados a una exposición prolongada al trauma ajeno, algo frecuente en intervinientes en catástrofes.
¿Quiénes son más vulnerables?
Aunque cualquier profesional puede verse afectado, la traumatización vicaria suele impactar con más fuerza en aquellos con un alto grado de empatía, vocación de ayuda y compromiso emocional. Entre los más vulnerables se encuentran:
- Psicólogos de emergencias.
- Personal sanitario en contacto directo con las víctimas.
- Voluntarios no formados específicamente en gestión emocional.
- Técnicos de transporte sanitario, que acompañan a pacientes durante momentos de máxima vulnerabilidad.
Contar con un certificado profesional en atención sanitaria o intervención psicosocial incluye contenidos específicos para identificar y manejar estos efectos secundarios del trabajo de campo.
Cómo prevenir la traumatización vicaria
La mejor estrategia para proteger al profesional es una combinación de formación, autocuidado y soporte emocional continuo:
- Formación emocional específica: para reconocer los límites entre empatía y absorción emocional.
- Supervisión profesional: espacios donde compartir experiencias y procesar emocionalmente los casos vividos.
- Apoyo psicológico continuo: tanto en equipo como a nivel individual.
- Autocuidado regular: actividades placenteras, descanso, alimentación saludable y vida social activa.
Al igual que se enseña a inmovilizar una fractura, también se debe enseñar a proteger la mente. Esa es la base del bienestar emocional del personal de emergencias.
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